Published On: octubre 1, 20262241 words11,2 min read

Una buena crema debería darte libertad, no trabajo.

Cuando empecé a formular Tacto no buscaba crear una crema corporal más.

Buscaba responder a un reto bastante difícil: ¿sería posible formular una única crema capaz de acompañar la mayoría de las necesidades de la piel del cuerpo durante todo el año?

Quería una crema que hidratara profundamente, nutriera de verdad y ayudara a mantener la piel confortable durante días. Una crema que pudiera utilizar toda la familia. Que acompañara la piel seca del invierno, la exposición al sol del verano, las zonas más resecas del cuerpo o, simplemente, el cuidado cotidiano de una piel sana.

No quería formular una crema para cada momento.

Quería formular una crema tan completa que muchos momentos distintos pudieran encontrar respuesta en ella.

Porque creo que el cuidado deja de ser cuidado cuando se convierte en una obligación. Cuanto más fácil resulta integrarlo en la vida cotidiana, más posibilidades tiene de convertirse en un cuidado real y duradero.

Y también creo que una buena fórmula no debería obligarte a utilizarla cada día para sentir que funciona. Debería cuidar la piel de una forma tan profunda que, con el tiempo, pudiera darte algo mucho más valioso: la tranquilidad de saber que está realmente cuidada.

Esa fue la idea que dio origen a Tacto.

Y todas las decisiones que encontrarás a continuación nacen de esa misma forma de entender el cuidado de la piel.

La piel seca no solo necesita aceites

Cuando sentimos la piel seca solemos pensar que lo único que necesita es una crema más grasa.

Sin embargo, la sequedad cutánea es un proceso mucho más complejo.

Una piel confortable depende de dos mecanismos que trabajan juntos.

Por un lado necesita agua.

Por otro necesita una barrera lipídica capaz de conservar esa hidratación y evitar que se pierda demasiado rápido.

Si uno de estos mecanismos falla, el otro rara vez resulta suficiente por sí solo.

Por eso, cuando formulé Tacto, no buscaba simplemente crear una crema nutritiva. Buscaba construir una fórmula donde hidratación y nutrición trabajaran juntas desde el primer ingrediente.

Porque una piel muy seca no recupera su equilibrio únicamente aportando aceites. También necesita una hidratación profunda capaz de mantenerse en el tiempo.

Y esa fue la base sobre la que empezó a construirse toda la fórmula.

Una hidratación que empieza desde la base

Cuando pensamos en hidratar la piel solemos imaginar ingredientes capaces de aportar agua o retenerla. Sin embargo, para mí la hidratación empieza mucho antes: en la propia base de la fórmula.

Por eso, igual que en Destella, una parte muy importante de la fase acuosa de Tacto está formada por gel puro de aloe vera ecológico. No quería que la base de la emulsión fuera simplemente un vehículo sobre el que construir el resto de la crema. Quería que también formara parte activa del cuidado.

El aloe vera es una planta especialmente interesante por su capacidad para aportar hidratación y favorecer el confort cutáneo. De forma natural contiene polisacáridos, aminoácidos, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes que ayudan a mantener la piel hidratada y a reforzar su función barrera.

Además, diferentes estudios han investigado el aloe como vehículo para la administración tópica de otros ingredientes, observando que, en determinadas formulaciones, puede favorecer su disponibilidad sobre la piel. Aunque este efecto depende siempre del conjunto de la fórmula y no puede atribuirse únicamente al aloe, fue una de las razones que me llevaron a elegirlo como base.

En Tacto esta decisión cobraba todavía más sentido.

La piel del cuerpo está sometida constantemente al roce de la ropa, las duchas, el sol, el frío o el viento. Son factores que favorecen la pérdida de agua y hacen que muchas zonas necesiten una hidratación profunda para recuperar su confort.

Por eso la hidratación no podía ser un paso posterior.

Tenía que formar parte de la propia arquitectura de la fórmula.

Y, una vez construida esa base, llegó la siguiente decisión: elegir una combinación de aceites vegetales capaz de nutrir la piel y ayudarla a mantener esa hidratación durante el mayor tiempo posible.

Cuando la nutrición también construye hidratación

Una vez construida una base capaz de aportar hidratación, la siguiente pregunta era cómo conseguir que esa hidratación permaneciera en la piel el mayor tiempo posible.

Porque hidratar y mantener la hidratación no son exactamente lo mismo.

Para conseguirlo, la piel necesita una barrera lipídica capaz de reducir la pérdida de agua y conservar su equilibrio natural.

Por eso la fase oleosa de Tacto no está formada por un único aceite, sino por una combinación de aceites vegetales con perfiles muy diferentes y complementarios.

El aceite de sésamo aporta una textura ligera y una composición rica en ácidos grasos insaturados que ayuda a mantener la elasticidad y el confort de la piel.

La rosa mosqueta completa esa nutrición con un perfil lipídico especialmente interesante por su riqueza en ácidos grasos esenciales, tradicionalmente apreciados por su capacidad para acompañar la regeneración natural de la piel y ayudar a mejorar su aspecto cuando necesita un cuidado extra.

Y el aceite de aguacate aporta algo diferente.

Su composición, más rica y envolvente, resulta especialmente adecuada para la piel del cuerpo, que suele necesitar una nutrición más intensa que la piel del rostro. Además de enriquecer la fórmula, complementa el perfil del sésamo y la rosa mosqueta, creando un equilibrio entre nutrición, elasticidad y confort.

Junto a la base de aloe vera, esta combinación consigue algo que para mí era muy importante: aportar una nutrición profunda sin renunciar a una aplicación agradable.

El resultado es una crema que envuelve la piel mientras la masajeas, pero que se absorbe correctamente, permite vestirse después de su aplicación y deja una sensación confortable, sin resultar pesada.

No buscaba que la crema pareciera más ligera de lo que realmente necesitaba ser. Buscaba el equilibrio entre una nutrición profunda y una experiencia de uso agradable.

Porque cuando una fórmula encuentra ese equilibrio, cuidarse deja de sentirse como una obligación y vuelve a convertirse en un momento de bienestar.

Una piel bien hidratada también necesita mantenerse elástica

Cuando una piel recupera hidratación y nutrición, todavía queda un aspecto importante por cuidar.

Su capacidad para mantenerse flexible, resistente y adaptarse a los cambios que experimenta a lo largo del tiempo.

La piel del cuerpo está sometida constantemente a pequeñas variaciones. Cambios de peso, crecimiento, embarazo, exposición solar, roce continuo o simplemente el paso de los años hacen que necesite conservar una buena elasticidad para seguir desempeñando correctamente su función.

La fórmula ya reunía unas propiedades excepcionales. La combinación entre una hidratación profunda y una nutrición cuidadosamente equilibrada daba lugar a una crema capaz de responder a la mayoría de las necesidades de la piel del cuerpo.

Pero cuando una fórmula tiene unos cimientos sólidos, también puedes permitirte enriquecerla con ingredientes que aporten un valor real, siempre que sean coherentes con la fórmula y contribuyan al equilibrio del conjunto.

Quería incorporar un extracto vegetal que no solo acompañara la hidratación y la nutrición, sino que también ayudara a cuidar la calidad de la piel desde otra perspectiva.

En una fórmula donde la hidratación tiene tanto protagonismo, sentía que también necesitaba un extracto vegetal con una personalidad capaz de complementar esa base.

La cola de caballo fue la planta que mejor respondía a esa idea.

Es una planta tradicionalmente apreciada por su riqueza natural en sílice, además de contener diferentes minerales y compuestos antioxidantes.

En cosmética se utiliza por su capacidad para ayudar a mantener la piel firme, elástica y con un aspecto saludable.

Por eso decidí incorporarla en una concentración significativa dentro de la fórmula.

No buscaba crear una crema para una necesidad concreta.

Buscaba que la propia composición de Tacto acompañara la piel en muchos de los cambios que puede experimentar con el tiempo.

Por eso es una crema que muchas personas eligen durante el embarazo, después de una exposición intensa al sol, cuando la piel está especialmente seca o cuando simplemente sienten que necesita recuperar su confort.

No porque haya sido formulada exclusivamente para esas situaciones.

Sino porque una fórmula construida para cuidar profundamente la piel termina resultando útil en muchas de ellas.

Conservar una fórmula también forma parte de formularla

En Mandràgora utilizo un sistema de conservación de origen vegetal basado principalmente en fermentos y extractos vegetales cuidadosamente seleccionados. Su eficacia no depende de un único ingrediente, sino del equilibrio del conjunto: la composición de la fórmula, el pH, la selección de las materias primas, el proceso de elaboración y el envase trabajan juntos para mantener el producto seguro durante toda su vida útil.

No creo en el conservante perfecto. Creo en fórmulas tan bien diseñadas que la conservación sea el resultado del equilibrio del conjunto.

Si te interesa conocer cómo diseño estos sistemas de conservación y por qué tomé esta decisión al formular, puedes profundizar en este artículo del blog:

→ Conservar una fórmula también es formularla.

Cuando el aroma también forma parte de la formulación

En Mandràgora nunca elijo los aceites esenciales únicamente por su aroma. Primero busco las propiedades cosméticas que necesito para completar la fórmula y cómo complementan el trabajo del resto de ingredientes. Después elijo una sinergia que, además de aportar esas propiedades, transmita las sensaciones que quiero que acompañen el momento de aplicación.

En Tacto, la lavanda y el limón son los dos pilares sobre los que se construye esa sinergia.

La lavanda es uno de los aceites esenciales más estudiados y utilizados en el cuidado de la piel por sus propiedades calmantes, regeneradoras, cicatrizantes y purificantes. Por eso forma parte de la sinergia de Tacto, donde complementa el trabajo del resto de ingredientes mientras aporta una sensación de calma y bienestar que invita a detenerse unos minutos y disfrutar del cuidado de la piel.

El limón complementa la sinergia con sus propiedades antioxidantes y purificantes. Su aroma fresco, limpio y luminoso equilibra la suavidad de la lavanda y aporta vitalidad a la composición.

Juntos crean una sinergia que completa la fórmula desde tres dimensiones inseparables: la cosmética, la aromática y la sensorial.

Su personalidad recuerda a los paisajes mediterráneos donde nacen muchas de las plantas que inspiran Mandràgora: el sol, los campos de lavanda, los cítricos y la sensación de bienestar que transmite la naturaleza cuando forma parte de la vida cotidiana. Quería que Tacto evocara esa sencillez, esa calma y esa conexión con el territorio también a través del aroma.

Por eso el aroma de Tacto no fue diseñado para permanecer durante horas ni para perfumar la piel. Acompaña los primeros minutos de la aplicación, forma parte del ritual de cuidado y desaparece poco después, dejando que sea la propia fórmula quien continúe haciendo su trabajo.

Porque, igual que ocurre con el resto de ingredientes, también los aceites esenciales fueron elegidos por lo que aportan al conjunto.

Una crema que se adapta a ti, no al revés

Ese era el reto que me había propuesto desde el principio.

Crear una única crema capaz de acompañar la mayoría de las necesidades de la piel del cuerpo aunque eso requiriese una formulación especialmente exigente.

No buscaba crear una crema para cada momento de la vida, buscaba construir una fórmula centrada en las necesidades reales de la piel, para que pudiera acompañarla en muchas situaciones distintas.

Porque durante el ciclo anual o el de la vida todo va cambiando y la piel también, pero sus necesidades fundamentales siguen siendo las mismas: mantenerse hidratada, nutrida, protegida y elástica.

Por eso Tacto puede acompañar con la misma naturalidad a todas las personas de la familia y pieles: a la piel seca del invierno, la piel que ha estado expuesta al sol, las zonas que necesitan un cuidado más intenso o el cuidado cotidiano de una piel sana… solo cambiando la frecuencia de uso y, cuando la situación lo requiere especialmente, complementándose con algún otro producto. Porque incluso en casos de daños más profundos, como grietas, sigue siendo el tratamiento de base perfecto.

Porque ha sido formulada con esta mirada y, al final, esa era la idea que dio origen a Tacto.

Porque creo que una buena crema debería integrarse en tu vida, no pedirte que adaptes tu vida a ella.

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