Published On: octubre 30, 2026346 words1,7 min read

Una fórmula creada desde la experiencia

Reparsan nació de una necesidad real. Cuando empecé este proyecto vivía en la montaña, en un antiguo corral-casita, sin agua caliente, ni calefacción y con la mínima potencia de luz. Lavaba la ropa a mano, con agua fría, trabajaba la tierra con las manos, hacía leña y movía piedras. El frío, el agua y el trabajo diario castigaban mucho mi piel, que se resecaba, se agrietaba y necesitaba un cuidado intensivo. Nada funcionaba para mantenerla en buen estado.

Fue entonces cuando formulé Reparsan. Buscaba crear un ungüento realmente eficaz, capaz de cuidar esas zonas que sufren más y que necesitan mucho más que una hidratación convencional.

Mis propias manos tan castigadas fueron el terreno donde experimentar y comprobar si la fórmula respondía realmente a lo que buscaba. Desde entonces, Reparsan ha acompañado a Mandràgora durante quince años, siendo uno de sus productos estrella. Ofreciendo un cuidado intensivo a las zonas de piel más secas, dañadas y castigadas.

Cuando la piel necesita algo más

La piel no es una superficie inerte: es un órgano vivo que se renueva continuamente y cuya primera función es protegernos. Su capa más externa, el estrato córneo, está formada por células rodeadas de lípidos que actúan como una barrera: ayudan a limitar la pérdida de agua y dificultan la entrada de sustancias irritantes y agentes externos.

Cuando esta barrera se altera, la piel pierde agua con mayor facilidad, se vuelve más seca y áspera y puede perder elasticidad. Si el deterioro es importante, aparecen descamación, grietas y fisuras. La piel queda entonces más vulnerable a nuevas agresiones, que pueden agravar la alteración y dificultar su recuperación.

No siempre se debe únicamente al frío, al viento, al contacto frecuente con el agua o al trabajo manual. La sequedad intensa y las fisuras también pueden acompañar a determinadas afecc

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